Repujado hecho a mano en México, cruz en lámina y cuerpo en estampado (imagen impresa).
31x40 cms.
Alrededor del año 1206, Francisco soñó que el Señor el ordenaba que regresara de Espoleto a Asís, y que estuviera allí hasta el momento de que se le revelara su voluntad. Ya que llego, Francisco comenzó a rezar intensamente para poder saber la voluntad divina. Para realizar sus oraciones, principalmente se dirigía a la pequeña isla de San Damián, que estaba fuera de los limites de la ciudad. Allí se encontraba un antiguo crucifijo. Este le hablo a un día a Francisco y le dijo: «Francisco, vete, repara mi casa, que, como ves, se viene del todo al suelo».
Tembloroso y sorprendido, él contestó: "De muy buena gana lo haré, Señor". Luego se ensimismó y quedó como arrebatado, en medio de la iglesia vacía. Fue tal el gozo y tanta la claridad que recibió con aquellas palabras, que le pareció que era el mismo Cristo crucificado quien le había hablado.
Descripción del crucifijo de San Damián
El crucifijo que habló a Francisco es hoy uno de los más conocidos y reproducidos del mundo. Se trata de un icono románico-bizantino del s. XII, de autor umbro desconocido y clara influencia sirio-oriental. Es de madera de nogal recubierta con una basta tela, sobre la que pintaron con colores vivos las figuras de Cristo y otros personajes de la Pasión. Sin el pedestal, mide 2.10 metros de alto por 1.30 de ancho.
Oración ante el Crucifijo de San Damian
Sumo y glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y verdadero mandamiento.
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